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lunes, 12 de enero de 2026

LAS VENTANAS DEL CIELO, de Gonzalo Giner

 Por Jose Ángel Planillo:

No sé cuántos años ha estado esperando esta novela su turno en la estantería. Recuerdo que la compré ilusionado, porque la verdad que el autor es uno de los que me suele gustar leer, y el tema me interesaba... Pero el orden de las lecturas a veces se alteran ligeramente... Pero este mes de diciembre debido a varias señales, le llegó el turno.  

"Las ventanas del cielo", de Gonzalo Giner, es una novela que, desde mi punto de vista, recoge un cuatro en uno: 

La primera parte de la obra versa sobre el comercio de la lana en el siglo XV en Castilla. Cómo se organizaban, su importancia, el transporte desde ciudades como Burgos hasta los puertos cantábricos, y su venta y comercio en Flandes. A ellos es a los que pertenece la familia de Hugo, el protagonista.

La segunda parte viene a mostrar al lector las duras condiciones de aquella vida de la pesca en ultramar por los marinos vascos y cántabros. Aquellos valientes marinos que iban a pescar ballenas y bacalaos en las zonas nórdicas e incluso se especula que en América (o Terranova).

Una tercera parte es la que nos lleva a tierras desérticas y mostrar al lector la forma de extraer la sal en esas áridas tierras, las caravanas y los intereses comerciales de las repúblicas que monopolizaban el mercado.  

La cuarta parte es la referente a la construcción de las vidrieras de las iglesias y catedrales góticas, que es de lo que en principio iba a tratar la novela, pero a la que el protagonista llega tras el aprendizaje de esas anteriores fases, donde el agua, tierra, viento y fuego forjan la personalidad de Hugo.

Y todas ellas están unidas por una quinta trama, que hace de pegamento de toda la novela. Una historia de amor con varios protagonistas, con unas rencillas familiares que cambian los destinos de los protagonistas que luchan a lo largo de las más de 700 páginas en resolver el entuerto.

En definitiva, una obra compleja, que va alternando los avances de cada una de las historias para que ambas discurran a la par, y que al final converge en un final algo previsible y abierto, pero que también cierra el círculo de la trama principal. 

Lo mejor para mi, las enseñanzas que aprende Hugo gracias a los consejos de su amigo (y luego socio) Azerwan, que personalmente es el que más me ha gustado de toda la novela. Algunas de ellas me han llevado a pensar también en mi propia realidad, que en ciertos momento se asemejaba -salvando las distancias- a lo que narraban las páginas.

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